Historia de la ruleta y la distribución de sus números

Durante la primera mitad del siglo XVII, el inventor, filósofo, físico y matemático francés Blaise Pascal se entregó a la búsqueda de uno de los imposibles de su tiempo: la máquina del movimiento perpetuo.

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No logró su objetivo, pero en 1655 añadió a sus creaciones una rueda giratoria que presentaba un nivel de rozamiento muy bajo, formada por varios cilindros. Este invento acabaría por convertirse en el entretenimiento más popular de la nobleza y la burguesía europeas; se trataba del juego de apuestas más equilibrado del momento, gracias a la brillante distribución que Pascal ideó para los 36 números del cilindro de giro, distribución que todavía se conserva en el juego actual.

 

EL ATRACTIVO DEL CILINDRO

La principal novedad que introdujo la ruleta en los juegos de la época fue el uso del cilindro, la parte giratoria de la ruleta, para obtener un número aleatorio a la vista de todos y el concienzudo reparto de los resultados posibles a lo largo de la circunferencia. Otros juegos precursores de la ruleta, como la hoca y el biribi -que aparece descrito por Casanova en Il Ridotto-, compartían una estructura de pagos bastante similar, en el que ya existían las apuestas a grupos de números (como docenas y caballos), pero empleaban otros métodos para añadir el componente de interés: los resultados se extraían de un saco o de una baraja de naipes, donde el público no disfrutaba de la emoción de ver rodar la bola sobre los posibles resultados.

Aunque el desarrollo mecánico se atribuye exclusivamente a Blaise Pascal, para dar con un modelo que permitiese el equilibrio buscado en la ubicación de los números se sospecha que contó con la ayuda de Pierre de Fermat, pieza clave en la creación y evolución de teorías sobre procesos estocásticos y autor de uno de los teoremas más famosos (y misteriosos) de las matemáticas, “El último teorema de Fermat”, cuya demostración tardó más de tres siglos en llegar, aunque muchos creen que la complejidad de la propuesta de Andrew Wiles dista mucho de la elegancia de aquella a la que se refería Fermat en una nota escrita en el margen del teorema.

 

UNA DISTRIBUCIÓN DE LOS NÚMEROS FASCINANTE

Fuese una ocurrencia exclusiva de Pascal o no, la ubicación de los números en el plato es un ejemplo de equidad realmente asombroso, que cumple con las premisas necesarias para ofrecer al juego el equilibrio buscado. Si dividimos el cilindro en dos mitades, dejando el 26 a la izquierda y el 32 a la derecha (en la ruleta actual, el cero aparece entre ambos bloques), nos encontramos con dos grupos de 18 números. Lo brillante y meditado de la distribución es que deja seis números de cada una de las tres docenas en cada uno de los bloques, pero también reparte equitativamente entre ambos sectores cada una de las tres columnas. Si nos fijamos en las apuestas sencillas (rojo/negro, par/impar, pasa/falta) veremos que el sistema ideado por Pascal sigue ofreciendo el mismo número de resultados a un lado y al otro del eje divisor.

 

CON EL CERO Y EL DOBLE CERO LLEGA LA GANANCIA DE LA BANCA

La ruleta ideada por Blaise Pascal pretendía ser un juego de entretenimiento para disfrutar entre amigos, sin el papel de banca. Con la popularización del cilindro fueron apareciendo versiones con el cero y el doble cero, números con los que “la casa” (generalmente, el anfitrión o dueño de la sala de juegos) recogía la mitad de las apuestas realizadas a rojo/negro, par/impar, pasa/falta; el cero representaba la nada, una cifra sin atributos, y no podía englobarse en ninguna categoría.

El paso a la ruleta con un solo cero lo dieron dos hermanos franceses, los hermanos Blanc, con la apertura del casino de Bad Homburg en 1848. Tras su éxito inicial,  uno de ellos, François Blanc, recibió por parte de los Grimaldi una licencia para operar en Mónaco en 1863. Tras estrenarse el casino, su ruleta de un solo cero llevó a Montecarlo de una casi segura bancarrota a convertirse en el principal centro de juego europeo. El éxito de los Blanc y la anécdota de que la suma de los números de la ruleta coincida con el número de la bestia, 666, alimentó el fuego de la leyenda de que estos hermanos habían hecho un pacto faústico.

Han pasado siglos desde su aparición y los números de la ruleta siguen ofreciendo espacio para las cábalas de jugadores y amantes de la numerología, que buscan en su distribución alguna clave que su creador, o creadores, dejasen enterrada entre sus círculos concéntricos.

 

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